Entrevista a Ana de Haro, premiada autora de La hija de Barbazul

«El mercado editorial es una actividad sostenida por mujeres»

Érase una vez, en un posgrado universitario, una pertinaz investigadora preocupada por el tándem literatura y perspectiva de género. Érase que se era una apasionada escritora capaz de imbricar los clásicos cuentos infantiles de Charles Perrault, Hans Christian Andersen o los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm para, desde una interpretación feminista y reescritura actual, desarrollar una obra con la que obtuvo el primer premio del VIII Certamen de Novela «Ciudad de Almería». Me refiero a Ana de Haro, autora de La hija de Barbazul (editorial Aldevara), una historia protagonizada por Karen Gormaine, quien regresará a la perturbadora casa de su niñez, en un recóndito pueblo irlandés, dispuesta a explorar, entre realidad y ficción, su misterioso universo familiar.

Cuánto nos gusta abrir las puertas cerradas…

Porque tras las puertas cerradas está el conocimiento al que uno necesita llegar. Los cuentos te dicen que no te adentres en el bosque, pero hay una autora llamada Clarissa Pinkola Estés que opina que debes entrar porque si no tu vida, tu búsqueda, se queda parada. El cuento de Barbazul, por ejemplo, que ha tenido muchísimas interpretaciones a lo largo del tiempo, se solía ver como una advertencia contra la curiosidad, específicamente contra la curiosidad femenina, y, al acercarme desde interpretaciones feministas, la «puerta» que debe abrirse posee connotaciones sociales. En los niños se premia la aventura, mientras que a las heroínas infantiles se les aplica prudencia (no salgas, no hables, no hagas, no molestes), muy pocas resuelven sus problemas sin ayuda externa de un hada, una bruja o un príncipe. Este tipo de discurso es el que yo quería hacer evidente.

¿Existe una literatura netamente femenina?

Esta cuestión lleva siglos debatiéndose. (Yo, después de varios años pensando sobre el tema, tengo hoy una opinión al respecto pero seguro que va a cambiar en algún momento). Las mujeres no escriben de manera distinta por el hecho de ser mujeres (pueden existir diferencias en el reflejo de la experiencia humana), sin embargo, de un modo u otro, por la sociedad en la que vivíamos, es una literatura que se ha silenciado. Teníamos menos acceso a la publicación, se juzgaban y se siguen juzgando de manera distinta las obras de mujeres y hombres… Y, no obstante, las mujeres somos mucho más lectoras. Hace poco leí que si las mujeres no leyeran, el mercado editorial habría caído hace tiempo. Es una actividad sostenida por mujeres.

Otra cosa es la literatura con una clara intención ideológica feminista.

Ésa que intenta poner de relieve la necesidad de alcanzar una igualdad entre hombres y mujeres en cualquier ámbito.

Precisamente esta novela, La hija de Barbazul, surge de un impulso investigador en torno a literatura y género, ¿no? 

Cursé el doctorado de Literatura y Estética en la Sociedad de la Información: hice los cursos y la tesina, una comparación sobre el tratamiento de la cuestión femenina por parte de Emilia Prado Bazán y Benito Pérez Galdós. Luego me matriculé en el máster de Escritura Creativa, también en la Universidad de Sevilla, y quería seguir por ahí; me interesaba mucho la literatura feminista o la implicación feminista en la literatura. También me atraía mucho el tema de la reescritura, una tendencia que está ahora muy presente, pues estamos rodeados de reinterpretaciones actuales de mitos antiguos, de cuentos o narraciones más o menos clásicas que se readaptan a las necesidades de un público actual. Por ejemplo, la película de Disney original sobre Cenicienta ya no sirve, hoy hay que hacer una cinta de imagen real porque los niños de ahora no soportan los mismos tipos de discursos.

Y de historia en historia se manifestó con fuerza Barbazul.

Esto viene de un miedo infantil mío; me aterrorizaba este cuento.

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«Pero la niña no sospechaba que los dragones más furiosos, las hadas más tenebrosas y los espinos más afilados crecían junto a ella […], tras rostros cariñosos y tiernos abrazos, rodeándola poco a poco», escribes.

Hay un tipo de ficción que me apasiona y es la que muestra la magia en lo cotidiano. No me interesa tanto la fantasía con dragones y hadas y armaduras y espadas mágicas. La hija de Barbazul, de entrada, funciona como un cuento, pero un cuento situado en la actualidad, en un espacio completamente realista, reconocible, donde me gustaría que esos elementos generaran una cierta extrañeza.

¿Y tu estímulo creativo parte también de nuestra contemporaneidad, de lo que pasa «en la calle»?

El elemento sobrenatural que puedes encontrar en un día a día, en una rutina. Tú yo ahí, como escritores, no somos tan distintos: tú te acercas a la literatura con un impulso consciente de mostrar unas relaciones humanas, un funcionamiento profundo del ser, y yo lo enfoco desde un punto de vista más mágico, una amenaza que intuyes o sabes pero no lo racionalizas, ese tipo de relaciones.

Yo siempre digo que un elfo que llora la muerte de su hermano puede ser más real o menos ficticio que una pareja tomando tapas en un bar. Para mí la condición humana —cosas como la soledad, el miedo, la enfermedad— no entiende de géneros literarios.

La condición humana a mí es un término que me resulta inabarcable. Yo me acerco a la literatura con la idea de contar una historia que, ante todo, sea interesante, entretenida, y que con suerte, además, este diciendo algo, aunque uno pueda buscar o no, encontrar o no.

«Me interesa esa ficción que muestra la magia en lo cotidiano; el elemento sobrenatural que puede encontrarse en la rutina del día a día, en un espacio actual, realista, reconocible»

¿Qué va a ver el lector dentro de la Casa Pálida, en cuyas profundidades se adentra Karen, protagonista de tu novela, dispuesta a hallar respuestas sobre su madre?

Una historia que lo va a atrapar y una heroína, Karen, que tiene un deseo de conocimiento enorme. Me gusta mucho la literatura de terror y las casas encantadas con fantasmas, con una impronta. Porque yo creo, y en algún momento de la novela se dice, que a los edificios se les queda una marca de las emociones, de las cosas o personas que han pasado por ellos. Como cuando tú estás buscando piso y al entrar en un apartamento sientes que hay algo que hace que no pudieras vivir ahí. Eso es instinto. Uno está entrenado para interpretar las señales. En este sentido, me interesaba explorar un espacio donde habían ocurrido tantas cosas que todavía seguían teniendo efecto sobre la gente que estaba allí.

Los símbolos tienen una importancia decisiva aquí.

Al acercarte a los cuentos debes basarte en símbolos. Cuando reescribes Caperucita Roja, por ejemplo tienes que recuperar eso que se llamaban los mitemas del cuento, es decir, qué hace que Caperucita Roja sea Caperucita Roja, pues el elemento de una niña con capa roja, un bosque donde adentrarse, un lobo…; una serie de componentes que tienen que funcionar. Entonces, con La hija de Barbazul pretendí recuperar esos elementos, situarlos en un contexto actual y darles un significado interesante dentro de una trama de misterio, intriga, por lo que tuve que construir un puzle, ir diseminando las piezas en varias partes para que fueran reconocibles pero, al mismo tiempo, distintas.

La madre ausente es una figura típica de las narraciones infantiles populares.

La madre es un personaje que no existe en el cuento infantil. Si hay madre el cuento no sucede porque es quien vigila. Yo no quería matar a la madre de Karen, pretendía que funcionara de otra manera, por contraposición, con lo cual, Karen ha vivido siempre con una madre enferma, enajenada, que está pero no está.

Se dice que todos los personajes, hasta el más depravado, tienen algún rasgo de su creador o creadora.

Sin dudad. Si tuviera que identificarme con alguien, y no es una identificación que me guste hacer, sería, sí, con Karen, una mujer joven de ámbito académico que ha tenido pocas experiencias vitales que le hayan resultado satisfactorias, una persona que tiene una pasividad inicial que luego va superando. Un personaje donde reconocía rasgos de mi personalidad, reacciones como esa especie de soberbia que de entrada a lo mejor no se ve, aunque mis experiencias no tienen nada que ver con las de ella porque yo tuve una infancia feliz, una vida familiar estupenda. Karen es un personaje que a mí me preocupaba que al lector no le pareciera especialmente atractivo.

«Al escribir me paraliza ese cuestionamiento sobre si lo que estoy haciendo será interesante para alguien»

Esta novela, como hemos comentado, surge de un impulso investigador, y tras toda investigación siempre resultan unas conclusiones…

No sabía si era capaz de escribir una novela, una historia de principio a fin con estas características, con este tamaño. Igual resulta un poco simplista, pero para mí fue un poco una prueba que me puse y conseguí superar. Con lo cual, la primera conclusión fue una sensación enorme de realización, de haber alcanzado un objetivo de siempre. Y, así, llegué también a la conclusión sobre el tipo de historias que me gusta contar, las mismas que me gusta recibir.

¿Qué debe tener el libro perfecto para ti?

Por supuesto, una corrección en las formas. La literatura debe estar bien escrita. A mí la literatura me gusta porque me da un placer enorme y si encuentro algo mal escrito, ese placer se desvanece completamente. Y debe tener también la capacidad de generar emoción, que haya algo ahí, una escena, un personaje, un ambiente, una trama, que me atrape y provoque una emoción más o menos duradera.

Ya me has dicho dónde encuentras tu estímulo creativo, ¿pero y su porqué?

Yo escribo porque, como no hay nada que me provoque más placer en el mundo que leer una buena historia, tener la capacidad al menos de intentar producir esa sensación a los demás me parece lo más bonito que puedes hacerle a una persona.

Y seguro que habrás comprobado cómo muchas de esas sensaciones producidas son bien distintas a aquéllas que tú proyectaste en un primer momento, durante la escritura.

Sí. Una lectora muy atenta me dijo que realmente la madre de Karen y ella viven la misma experiencia, lo que pasa es que la madre la vive de manera repentina y Karen pasa por una serie de fases preparativas, con lo cual tiene mucha lógica que una sea capaz de superarla y otra no. Me he dado también cuenta de que algunos personajes femeninos se consideran más problemáticos de lo que había previsto. Es precioso ver la capacidad de la gente para apegarse a personajes que tú has creado.

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¿Qué te bloquea cuando escribes?

Ese cuestionamiento sobre si lo que estoy haciendo será interesante para alguien, sobre si los lectores serán capaces de reconocerse y hacer propio esto que a mí me importa tanto. Eso es lo que a mí me paraliza. Cuando siento ese bloqueo me doy tiempo. Porque hay momentos vitales. Si la escritura fuera mi trabajo a tiempo completo, podría afrontarlo de otra manera, pero, desgraciadamente, yo ahora no puedo dedicarme cien por cien a ella, por lo que respeto esos momentos de mayor creatividad o necesidad de contar una historia.

Aunque a cuentagotas, y con muchos matices, la universidad española empieza ya a recocer la escritura creativa como ciencia investigadora, permitiéndote superar un doctorado, por ejemplo, con la redacción y análisis de una novela propia. Algo que en el mundo anglosajón ocurre desde hace décadas (incluso con grados en Creación Literaria).

Me parece una gran oportunidad para todos. Primero, porque aporta riqueza y nuevas líneas posibles de investigación y una línea creativa a la investigación académica española. Y, segundo, porque permite a los creadores abordar sus trabajos (que habitualmente llevan aparejada una investigación en cualquier caso, más o menos extensa y con mayor o menor rigor) en un ambiente de intercambio de conocimiento, con la posibilidad de acceder a expertos, de profundizar en sus argumentos, de innovar en formas narrativas.

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