Entrevista a Defreds, autor de Cuando abras el paracaídas

«Está muy de moda criticar lo exitoso» Me he propuesto abrir mi bitácora cultural a autores con una interesante historia personal que contar. Y éste es el caso de Defreds, quien, desde que pulsara a voleo siete letras del teclado (d-e-f-r-e-d-s) para registrarse … Sigue leyendo

Entrevista a Sergio González Contreras, autor de Garduña

«Para publicar, mejor si eres un personaje mediático y no tienes nada que ver con el mundo de la literatura» Contaba William Faulkner que escribió una de sus obras más apreciadas, Mientras agonizo, de madrugada, en apenas mes y medio, … Sigue leyendo

Sobre Toni Erdmann, de Maren Ade

La vida es aquello que pasa mientras hacemos planes. Algo así ya dijo en su día John Lennon, y algo así dice el histriónico padre coprotagonista al final de esta personal (por momentos surrealista, esperpéntica y soterrada) cinta alemana. Pero, por encima de esto, Toni Erdmann nos enfrenta ante un retrato social, económico y cultural de una generación, la actual, sumida en una profunda crisis de valores, alienada; una contemporaneidad a veces absurda que se combate/acepta, cómo no, desde el propio absurdo (que se titule Toni Erdmann y no Winfried Conradi, nombre real del personaje, puede ser una declaración de intenciones simbólica al respecto). La cinta, nominada a los premios Oscar 2017 en la categoría de mejor película de habla no inglesa, nos da una visión poco juzgadora, dejando al espectador la responsabilidad de decidir, posicionarse, definir. Con una interesante estructura narrativa y algunas escenas/situaciones para enmarcar (pues contiene una de las mejores escenas cómicas de desnudos grupales que he visto) es muy recomendable para quienes gusten de bucear entre subtextos (y para quienes alguna vez hayan recibido un rallador de queso como regalo de cumpleaños).

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Presentación sevillana de Cenzontle en Casa del Libro

Este martes 27 de diciembre, a las 19:00 horas, cierro el año abriendo las alas de mi nuevo trabajo literario, la novela Cenzontle (editorial Samarcanda), en la librería Casa del Libro, Sevilla (calle Velázquez, 8).

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Una nouvelle cuya atractiva estructura formal “activará” a cualquier lector, provocando que durante su lectura, en mayor o menor medida, construya, interprete, deconstruya, especule… Un libro que empieza por su final: Abril en su dormitorio, desnuda, escrutándose frente al espejo; Abril, una andaluza que vive en Des Moines (Iowa, Estados Unidos), adonde se mudó diez años atrás, con una interesante beca bajo el brazo, para continuar sus estudios en el campo de la danza. Una obra sobre… la condición humana: relaciones interpersonales, la pérdida, proyectos profesionales frustrados, la soledad, enfermedad, la dictadura del día a día.

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Para la ocasión estaré maravillosamente escoltado por los compañeros:

José Carlos Carmona, profesor titular de la Universidad hispalense, quien despliega una labor multidisciplinar en torno a la Música Clásica, la Filosofía, las Artes Escénicas y la Literatura. Ha publicado, entre otras obras, las novelas Sabor a chocolate (Penguin Random House) —primer premio del XIII Certamen Literario Universidad de Sevilla—, Sabor a canela (Planeta) y Martino y Martina (Planeta).

Ana de Haro, periodista y escritora. Doctora en Literatura y Estética y máster en Escritura Creativa por la Universidad de Sevilla. Ganadora del VIII Certamen de Novela “Ciudad de Almería” con La hija de Barbazul (Aldevara).

Daniel Pinilla, periodista y escritor, editor de la editorial Samarcanda, sello que ha publicado Polifemo vive al Este, Operación Malinche y, recientemente, Hasta el mojito siempre, aplaudidos trabajos dentro de la literatura de viajes.

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Presentación de Relatos en 35 mm (editorial El Sendero) en Sevilla

La editorial El Sendero presenta hoy en el Lar Gallego de Sevilla (C/ Padre Méndez Casariego, n.º 27), a las 20:00 horas, la antología Relatos en 35 mm., donde participo con el texto “Una cremallera negra de dieciocho centímetros, modelo #009662, para falda”.

El Cine y Andalucía desde la óptica de diecisiete escritores que enfrentamos la arquitectura narrativa breve con estilos muy diversos. Rodajes accidentados, antiguas salas cinematográficas de pueblo, películas ancladas en el imaginario colectivo y estrellas históricas como Vivien Leigh, Natalie Portman, Sean Connery o Woody Allen se imbrican entre las páginas de este libro firmado por Antonio Rivero Taravillo, María Zaragoza, Juan Carlos Palma, José Carlos Carmona, Elena Marqués, Pedro Pablo Picazo, Sandra R. Fernández, Javier Márquez Sánchez, Cristina Cerrada, Juan Varo Zafra, Loli Pérez, Isabel Merino, Inmaculada Reina, Salvador Navarro, Clara Astarloa, Sonsoles Yovanka y un servidor, bajo la espléndida coordinación y edición de José Luis Ordóñez.

El acto contará con la participación del guionista y director Miguel Olid.

Toda la información en: www.facebook.com/relatosen35mm  |  www.editorialelsendero.es

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¿Nos encontramos?

Aprovechando el lanzamiento de la edición digital de mi libro Uno de estos días (desarrollada por palimpsesto 2.0), justo cuando se cumple un año de su publicación en papel, Casa del Libro Sevilla organiza hoy, a las 19:30 horas, un productivo encuentro público donde departir sobre esta obra y la literatura que propone.

El acto contará con la participación de los escritores Francisco Gallardo, Teo Palacios y Concepción Perea.

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Crítica sobre Uno de estos días

Que una lectora compare tu libro de relatos Uno de estos días con la obra de Richard Yates Revolutionary Road provoca cierto vértigo; que, además, reconozca haberle reportado vitales sensaciones (reconocimiento, agitación, cuestionamiento), te empuja ya incontroladamente hacia ese abismo de seguir creyendo, de seguir intentándolo. Desconozco si la Literatura, a estas alturas, conseguirá cambiar el mundo, pero al menos que altere siempre, de una u otra forma, los ojos de quienes por medio de ella se asoman a él. Críticas como esta hacen que el Arte valga la pena:

«Nuestra profe de taller literario siempre nos recuerda que “menos es más” y pienso que te has adueñado perfectamente de esa máxima, a pesar de la dificultad que ello representa. Lo simple no solo es bello sino necesario, y aún así, lo simple es lo más complejo de todo.

Lo que más destacaría de tu libro es ese monstruo “platoniano” que se crea engendrado por una apariencia que no se acerca en nada a la realidad. La realidad subyace, invisible para aquellos ojos y oídos que son incapaces de leer entre líneas. Cuando digo líneas no me refiero a las líneas del texto —que también—, me refiero a las líneas de la vida, de la vida cotidiana, la más salvaje de todas, la que nos arranca el aliento con solo un gesto o lo que aún es peor, la omisión de él.

Cada capítulo me ha robado una bocanada de aire. Un intento de no ahogarme en esas historias que también eran un poco mi historia. Y de quién no. Quién no se ha sentido alguna vez como alguno de esos personajes. Quién no ha dejado que el alcohol actuara desvirtualizando un momento que se quería dejar aparcado en el olvido. Quién no ha pensado mil veces en una situación que cuando llega ya se ha desvanecido y en nada se parece a lo que una vez se imaginó.

Resaltaría su enorme atemporalidad. Conseguirá tener el mismo efecto dentro de cincuenta años en cualquier lector. No está anclado en un aquí y un ahora. De igual modo, pudo haber sido leído, comprendido y amado hace cincuenta años.

El relato “¿Y hacia dónde vais?” me ha recordado muchísimo a la obra de Richard Yates Revolutionary Road. Recuerdo que la primera vez que leí ese libro me encantó su desencanto por la vida exigida y he vuelto a experimentar esa misma sensación con tu obra.

Creo adivinar cuál es tu capítulo favorito, tal vez el homónimo, “Uno de estos días”, por esa prosa salvaje que te lleva de un lugar a otro, de un sentimiento a otro, que te marea entre devenires para acabar aferrándose al sentimiento más honrado que todos en algún momento hemos padecido. Es en él dónde he encontrado la franqueza del autor, escribiendo lo que quiere escribir y no lo que otros quieren escuchar.

Aunque debo reconocerte que mi predilecto ha sido el primero, “Qué hacer”. Tal vez por mi amor desconsiderado a los finales inesperados-esperados. Esos finales que se avecinan desde la primera hoja y a su pesar te remueven en el último momento. Las mujeres somos así, siempre esperamos ese último giro, ese último cambio, a sabiendas de que no ocurrirá.

Bueno, como ves, yo sí que me explayo. Permítemelo, es mucho lo que me ha reportado tu obra. […] Te pido el favor que sigas escribiendo tal cual, porque mientras sea así yo seguiré sintiendo cada palabra, cada gesto y cada realidad, que para nada tiene que ser la verdadera realidad»,

Birginia J. Guerrero, lectora.

Uno de estos días (edición física) en la librería sevillana Especies de Espacios.

UNO DE ESTOS DÍAS (edición física) en la librería sevillana Especies de Espacios.

De qué hablamos cuando hablamos del escritor Raymond Carver

Hablar de Raymond Carver (1939-1988) es hacerlo del mejor cuentista estadounidense de la segunda mitad del siglo XX. Así, sin cortapisa. El “Chéjov norteamericano” gustaba de la precisión como máxima de una escritura siempre contraria a pomposas construcciones adjetivadas, al superfluo exceso de subordinadas o a la asfixia descriptiva. Su literatura supone contención e intensión, introspección, ontología, contexto y perspectiva, objetos que reclaman. Carver, en palabras del también escritor Daniel Múgica, “prescinde de los argumentos altisonantes y aborrece los discursos puramente narrativos. […] Un problema con el alcohol en una noche de verano, una discusión con la pareja, la rueda del coche que se pincha, los invitados a cenar. Plasma situaciones insignificantes con una fuerza inusual”.

La exacta narración carveriana tambaleó el binomio realidad-ficción dentro del “dirty realism” (al que se hallan adscritos, entre otros, genios como John Fante, Charles Bukowski, Richard Ford o Tobias Wolff), convirtiendo al lector —lejos de ser un mero engullidor de emociones impostadas, mil veces imitadas— en perceptor hiperactivo de ese micrentorno que, por común, tantas veces pasa de largo, involuntariamente inadvertido, como los postes telefónicos desde un vagón en movimiento. Pues la mirada del escritor de Clatskanie, Oregón, ostenta una agudeza telescópica; penetra en la cotidianidad (cotidianidad atemporal) para, de forma sibilina, destacar trascendentes dilemas morales mediante historias en apariencia corrientes. Su ficción es el canal por donde “sufrimos una renovación de la vida sensual y emocional y adquirimos una nueva conciencia”, entiende el crítico literario Frank Raymond Leavis. Y todo conseguido con un excepcional empleo de los ritmos: tono, narrador deficiente (su voz, una cámara que solamente expone qué observa, sin valoración alguna, cosa ya del receptor), elipsis, tiempo verbal presente, finales abiertos…

Raymond Carver falleció en pleno apogeo y reconocimiento de su carrera y obra. No obstante, gracias al trabajo de William L. Stull y Maureen P. Carroll, de la Universidad de Hartford, Connecticut, para deleite de sus más íntimos amantes literarios ha visto la luz Principiantes (Editorial Anagrama), versión original de esos diecisiete relatos que componen una de sus obras maestras, De qué hablamos cuando hablamos de amor, sin la mutilación de casi el cincuenta por ciento que acabaría sufriendo el libro por parte del llamado “Captain Fiction”, Gordon Lish —entonces, su editor en la editorial Alfred A. Knopf—, previa publicación en 1981. Un entramado para profundizar dentro de la conciencia creativa del verdadero artista: un Carver menos crudo, más tierno, pero igual de sincero.

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Naturaleza urbana: Historias de Lavapiés

Lo decisivo, artísticamente hablando, es subvertir la conciencia. Que el texto creativo, en cualquiera de sus disímiles manifestaciones, nos agite. Por contenido y forma. Ese estímulo interno nunca orientado a buscar respuestas, sino preguntas. Preguntas sobre un macro y microentorno social, económico, cultural, histórico… y, el más difícil todavía, ontológico. Antropología narrativa. Canalizada hacia la introspección. Y para ello lo ideal son los espejos. Reflejos. Que tras la exactitud de un gesto, una palabra, un objeto o una secuencia esté contenida toda la condición humana. Vida. Donde reconocernos y aprehender, por composición o descomposición. Donde espacio y tiempo sean uno y todos a la misma vez. Especificidad que cumple sobremanera los trabajos del escritor y director cinematográfico Ramón Luque, un autor orgánico que, con precisión certera, maneja a la perfección los códigos más intrínsecos de la conducta colectiva; un cineasta emergente —e investigador académico especializado en los maestros Woody Allen e Ingmar Bergman— que se desliza como pez en el agua entre los complejos territorios de las relaciones interpersonales, mediante esa mirada especial, hábil, que pocos poseen para diseccionar estados naturales y elevar lo cotidiano hasta un nuevo nivel. Capacitado, por méritos fílmicos propios, para favorecer trascendentes alternativas morales y éticas.

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Ramón Luque es, a su vez, docente en la Facultad de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid)

Al respecto, mención particular merece su último trabajo, Historias de Lavapiés, primer largometraje dirigido en solitario; protagonizado por reconocidos actores como Guillermo Toledo, Sandra Collantes o Rafael Reaño, entre otros; con música de Antonio Meliveo, varias veces nominado a los premios Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España; estrenada y aplaudida en la sección “Estrenos Especiales” de la XVII edición del Festival de Cine Español de Málaga. Una cinta de corte costumbrista, escrita por el propio Ramón Luque, rodada, dentro de lo ficcional, con un estilo documental que remarca aún más su fuerte concepto social y humano, su trasfondo multicultural y racial. En ella se abordan temas tan actuales como la crisis, la inmigración o la educación a través de un tratamiento elegante, sin caer en ningún instante ante tópicos tramposos o sentimentalismo barato. Su ritmo es figurativo y su tono, reflexivo: una visión siempre expositiva que, muy inteligentemente, deja al espectador, activo, eso de juzgar las fallas de nuestra contemporaneidad. Plagada de situaciones y diálogos nutritivos, sus personajes cercanos, empáticos (el profesor de instituto maduro que atraviesa una mala racha, la sufridora asistenta colombiana desamparada en la ilegalidad, el majestuoso homeless cobijado dentro de un bloque de vecinos, la prostituta extorsionada que busca alguna salida útil), evolucionan siempre a través de la experiencia, entre las grietas, mediante una arquitectura urbana de imágenes concatenadas con sutileza.

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Luque junto al actor Guillermo Toledo, durante el rodaje

Así, Historias de Lavapiés ocupa el epicentro de un potente mecanismo bien articulado donde convergen entretenimiento, reflexión y compromiso. Ramón Luque ha convertido una película sobre la realidad social del barrio madrileño de Lavapiés en una obra universal; ha destapado los necesarios silencios del día a día edificando un cristal global de emociones e intenciones para observarnos y meditar. Lo decisivo, artísticamente hablando.

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La cinta, de próximo estreno público, inaugurará la X edición del London Spanish Film Festival

(Artículo también publicado en el diario Andalucía Crítica.)

De luces y sombras

imagesUL2XSA6VA comienzos del siglo XX, el ensayista John Jay Chapman afirmó sobre Nueva York: «El presente es tan poderoso en ella, que el pasado se ha perdido.» Un siglo después, el periodista y escritor Enric González (premio Cirilo Rodríguez 2006 por su labor como corresponsal para El País en la propia «Gran Manzana», Washington, Londres o París), con la experiencia personal y profesional garbada a fuego ante sus ojos forasteros, corrobora que en la City, la gran urbe estadounidense, es «siempre hoy». Precisamente su libro Historias de Nueva York (RBA) propone una excursión hasta ese preciso «aquí y ahora» intrahistórico, con la pausa suficiente para sentir el sabor de la cerveza única del White Horse, en Hudson Street, o aquel grasiento steak de Peter Linger, o, resignado y sufrido, un partido de los Mets en el barrio de Queens, o la mismísima Estatua de la Libertad iluminando al mundo desde el puente de Brooklyn, durante otro atardecer. Aunque frente a su ferviente y voraz contemporaneidad, sin apenas oportunidad para mirar atrás, Nueva York, étnica y racial, es y será reflejo de lo que fue: entre otras cosas, una herencia mercantil (la metrópoli surgió al sureste de Manhattan de la mano de inmigrantes holandeses dedicados al comercio; de ahí que su primera bandera portara el blanco, azul y naranja de la actual neerlandesa) que se proyecta hasta nuestros días, convirtiéndola, con Wall Street a la cabeza, en epicentro del capitalismo mundial; pero también, un fiel núcleo articulado con remiendos de tradición: desde la Italia neoyorquina, fundada por Antonio Palmo, hasta los años de la Gran Depresión, pasando, por ejemplo, por la época «dorada» del hampa.

Enric González vierte en Historias de Nueva York, hora a hora, esencia a esencia, cada ápice de la vida cotidiana en la ciudad. Recién aterrizado en ella a principios del año 2000, el periodista catalán encontró alojamiento en The Printing House, una antigua imprenta —ironías de la vida— habilitada como apartamentos en el West Village, un sitio idóneo para aprehender, con la subjetividad imprescindible que impide el oficio noticioso, el rugir diario: un violento altercado en el sur del Bronx, las crónicas de taxistas, los entresijos tras la creación de la cúpula del rascacielos Chrysler…, pero también las guerras de Afganistán e Irak o la jornada oscura de un septiembre de 2001. Historias de Nueva York es la memoria excelsa de Enric González, un diario de emociones e intenciones donde confluyen objetos y personajes entre la miscelánea de circunstancias. Porque enamorarse tiene estas cosas…