Entrevista a Sergio González Contreras, autor de Garduña

«Para publicar, mejor si eres un personaje mediático y no tienes nada que ver con el mundo de la literatura» Contaba William Faulkner que escribió una de sus obras más apreciadas, Mientras agonizo, de madrugada, en apenas mes y medio, … Sigue leyendo

Presentación de Relatos en 35 mm (editorial El Sendero) en Sevilla

La editorial El Sendero presenta hoy en el Lar Gallego de Sevilla (C/ Padre Méndez Casariego, n.º 27), a las 20:00 horas, la antología Relatos en 35 mm., donde participo con el texto “Una cremallera negra de dieciocho centímetros, modelo #009662, para falda”.

El Cine y Andalucía desde la óptica de diecisiete escritores que enfrentamos la arquitectura narrativa breve con estilos muy diversos. Rodajes accidentados, antiguas salas cinematográficas de pueblo, películas ancladas en el imaginario colectivo y estrellas históricas como Vivien Leigh, Natalie Portman, Sean Connery o Woody Allen se imbrican entre las páginas de este libro firmado por Antonio Rivero Taravillo, María Zaragoza, Juan Carlos Palma, José Carlos Carmona, Elena Marqués, Pedro Pablo Picazo, Sandra R. Fernández, Javier Márquez Sánchez, Cristina Cerrada, Juan Varo Zafra, Loli Pérez, Isabel Merino, Inmaculada Reina, Salvador Navarro, Clara Astarloa, Sonsoles Yovanka y un servidor, bajo la espléndida coordinación y edición de José Luis Ordóñez.

El acto contará con la participación del guionista y director Miguel Olid.

Toda la información en: www.facebook.com/relatosen35mm  |  www.editorialelsendero.es

 PresentacioÌ-n Sevilla_ Lar gallego

De luces y sombras

imagesUL2XSA6VA comienzos del siglo XX, el ensayista John Jay Chapman afirmó sobre Nueva York: «El presente es tan poderoso en ella, que el pasado se ha perdido.» Un siglo después, el periodista y escritor Enric González (premio Cirilo Rodríguez 2006 por su labor como corresponsal para El País en la propia «Gran Manzana», Washington, Londres o París), con la experiencia personal y profesional garbada a fuego ante sus ojos forasteros, corrobora que en la City, la gran urbe estadounidense, es «siempre hoy». Precisamente su libro Historias de Nueva York (RBA) propone una excursión hasta ese preciso «aquí y ahora» intrahistórico, con la pausa suficiente para sentir el sabor de la cerveza única del White Horse, en Hudson Street, o aquel grasiento steak de Peter Linger, o, resignado y sufrido, un partido de los Mets en el barrio de Queens, o la mismísima Estatua de la Libertad iluminando al mundo desde el puente de Brooklyn, durante otro atardecer. Aunque frente a su ferviente y voraz contemporaneidad, sin apenas oportunidad para mirar atrás, Nueva York, étnica y racial, es y será reflejo de lo que fue: entre otras cosas, una herencia mercantil (la metrópoli surgió al sureste de Manhattan de la mano de inmigrantes holandeses dedicados al comercio; de ahí que su primera bandera portara el blanco, azul y naranja de la actual neerlandesa) que se proyecta hasta nuestros días, convirtiéndola, con Wall Street a la cabeza, en epicentro del capitalismo mundial; pero también, un fiel núcleo articulado con remiendos de tradición: desde la Italia neoyorquina, fundada por Antonio Palmo, hasta los años de la Gran Depresión, pasando, por ejemplo, por la época «dorada» del hampa.

Enric González vierte en Historias de Nueva York, hora a hora, esencia a esencia, cada ápice de la vida cotidiana en la ciudad. Recién aterrizado en ella a principios del año 2000, el periodista catalán encontró alojamiento en The Printing House, una antigua imprenta —ironías de la vida— habilitada como apartamentos en el West Village, un sitio idóneo para aprehender, con la subjetividad imprescindible que impide el oficio noticioso, el rugir diario: un violento altercado en el sur del Bronx, las crónicas de taxistas, los entresijos tras la creación de la cúpula del rascacielos Chrysler…, pero también las guerras de Afganistán e Irak o la jornada oscura de un septiembre de 2001. Historias de Nueva York es la memoria excelsa de Enric González, un diario de emociones e intenciones donde confluyen objetos y personajes entre la miscelánea de circunstancias. Porque enamorarse tiene estas cosas…

Jhumpa Lahiri: Cuestión de identidad

Jhumpa LahiriGanadora del Premio Pulitzer de Ficción en el 2000 por su primera obra, el volumen de relatos Intérprete de emociones, con tan solo treinta y dos años recién cumplidos. La escritora de sangre bengalí Jhumpa Lahiri (nacida en Londres y criada en el estado norteamericano de Rhode Island) escribe con la noción de identidad incrustada entre letra y letra, preocupación que la ha convertido, por méritos propios, en una de las voces contemporáneas que con más sutileza han plasmado sobre el papel la naturaleza versátil de los mundos fragmentados. Sus historias siempre refieren vivencias de inmigrantes indios en Estados Unidos, donde, más allá de narrar la mera experiencia de seres en una sociedad tan próxima como distante, plantea una reflexión sobre las propiedades del exilio, casi siempre por motivos profesionales, pero exilio a fin de cuentas: la cultura heredada frente a la autóctona, la tradición como dogma o posibilidad de superación, la emancipación individual —más psíquica que física— contra las cadenas familiares, el choque de emociones entre lo que fue y es… Todo en el marco cerrado de las relaciones entre el sujeto, principalmente femenino, y sus padres, hermanos o parejas. Una descripción, a priori, de microentornos que actúan como piezas de un universo tan afectivo como efectivo.

Siguen esta línea el conjunto de relatos extensos que compone su último trabajo, Tierra desacostumbrada, escogido Mejor Libro del Año 2008 por The New York Times. Cinco tramas, y una especie de novela corta conformada por tres cuentos, sobre la naturaleza humana, contadas con una tensión narrativa suave pero absorbente y caracterizadas, en su mayoría, por la inclusión de una potente imagen evocativa al final de cada historia (véase al respecto el desenlace del relato que da título al libro, “Tierra desacostumbrada”, o, mejor aún, la escena conclusiva de “Cielo e infierno”), un regalo de la escritora destinado al placer sensorial del lector. Pero, al margen de la conexión temática, quizá se eche de menos una profundización en las formas narrativas —al estilo de la también escritora norteamericana Lorrie Moore, a quien se parece Lahiri en pinceladas aisladas— que ahuyente los siempre rutilantes fantasmas de la monotonía literaria. Pero el potente objetivo introspectivo está ahí, presente como un sólido, y la escritora lo sabe y antepone al resto de componentes. Así lo expresó, de manera muy acertada, Alejandro Lillo: en todos estos relatos siempre parece “que va a pasar algo, pero no sabemos qué. Es entonces cuando toda esa corriente subterránea de pasiones y odios, de rencores y afectos, sale a la superficie como un torrente, como el magma de una erupción volcánica: ya no hay marcha atrás”.

Jhumpa Lahiri maneja a la perfección los estragos del tiempo, dominando ritmos y tonos, pero no es ahí principalmente donde radica el éxito de una de las escritoras más importantes de la narrativa norteamericana actual (entre otras actividades, es miembro del Comité del Presidente para las Artes y Humanidades estadounidense), sino en la capacidad de identificación, de vernos reflejados en las circunstancias, acciones, gestos, de una manera en ocasiones tan exacta que nos alerta y hace cuestionar; una combinación de inmediatez e intemporalidad en los vínculos interpersonales, “la siempre inadecuada comunicación que vuelve enigmática toda experiencia”, como entendiera The Telegraph. Porque sobrevivir en tierra desacostumbrada, cuántos lo sabrán, es lo que tiene…

Isla de asfalto

robinEl náufrago urbano, como el Crusoe de Daniel Defoe, observa y aprehende de su biosfera, pero, en este caso, con vehículos humeantes y edificios alineados, haciendo honor a ese arcaico refrán medieval: «El aire de la ciudad hace hombres libres.» Un aire de libertad que, en cierta medida, asemeja la cotidianidad ciudadana a la isleña por sus disímiles modelos de soledad y compañía, a partes iguales. Bajo esta premisa, la selección de artículos que reúne el primer libro de Antonio Muñoz Molina, El Robinson urbano, permite al escritor andaluz, con esa particular visión del micro y macroentorno, soltar a su álter ego, transeúnte privilegiado, cronista de la contemporaneidad metropolitana, a través de las calles de una Granada tan real como por momentos imaginaria (las crónicas, construidas a base de impecables ejercicios literarios, hacen de ella una ciudad ambivalente: a veces eterna, al igual que «una estampa de Gustave Doré» y otras mortal, tan urbana como la que más); soltar a su álter ego y seguirlo, sin perder de vista ni un instante dirección y sentido, observándolo por una lente privilegiada siempre convergente.

El Paseo del Salón, el café Suizo, la colina de la Alhambra, el barrio de la Magdalena, el Albayzín, una esquina cualquiera de Bibarrambla… Todo enclave sirve para que escritor y su Robinson ejerzan de observadores «desinteresados»; cada rincón constituye un islote situado en una región del tiempo entre el presente y el recuerdo. Es así como lo rutinario acaba por convertirse en huésped del papel: las piernas de una mujer, el ciego que canta los «iguales», los delincuentes y mendigos del polígono de la Cartuja… Animales salvajes de una ciudad abierta en abanico ante Muñoz Molina, al estilo del París de Charles Pierre Baudelaire o del Londres de Thomas de Quincey, mediante una «pura mirada sin voluntad ni propósito», ya que ambos se sienten libres y, en esencia, eso es lo único que les importa.

«Ulises», escribe el propio autor, «ya no busca su Ítaca en las islas del Mediterráneo…»