¿Cómo lo hacía?

Lo noticioso hoy no es la muerte, sino el nacimiento. El nacimiento de un mito. Un mito literario. Que, dentro de cincuenta años, las nuevas generaciones de académicos, escritores y lectores colocarán a la altura histórica de sus conterráneos Poe, … Sigue leyendo

¿Quién va a contarlo ahora?

gabo-dedo-220x300¿Quién? Pues lo severamente noticioso en la muerte de Gabriel García Márquez no es el adiós somático del escritor prestigioso, didáctico, influyente o generacional, sino el de una de las diez letras (quizás la U) que denotan y connotan la palabra L-I-T-E-R-A-T-U-R-A. Su huida es interdisciplinar: desgañita los ecos de la Antropología, la Sociología, la Metafísica, la Psicología, la Política, la Historia, la Lingüística. Perpetúa esa voz narrativa exclusiva, un verbo lírico que fabula sobre esta humanidad tan miserable como grandiosa, que con honores justifica la mal llamada «realidad» como una falacia de nuestra maniquea percepción social. Pieza necesaria y suficiente (quizás el cráneo) del ente literario, cuya principal seña de valor rige la intemporalidad. Porque cualquier artesano de la Escritura Creativa más o menos ducho puede imitar el romanticismo gótico de Poe, la precisión de Chéjov, el naturalismo de Proust, un monólogo interior de Joyce, el existencialismo de Kafka, los silencios elípticos de su adorado Faulkner, el ultraísmo de Borges. Sin embargo, resulta imposible emular el estilo del autor colombiano —subordinadas en serie, adjetivación profusa, léxico próspero— sin humillarse ante el lenguaje inflado y obsoleto, es decir, impostado. Probadlo. Sus licencias, tácitamente herméticas, deniegan al creador profesional o aficionado reproducciones experimentales, trucos de cualquier tipo, segundas marcas. Solo ocurre algo similar con la Biblia. Así, en Aracataca (quizás otrora Maconda) diluviará durante cuatro años, once meses, dos días. Y, por unanimidad, en todos los corazones del mundo hoy lloviznan minúsculas flores amarillas. ¿Quién?