UN POR QUÉ AL PORQUÉ

La belleza del conflicto cotidiano:

“—A veces tenemos mapaches en la chimenea —explica Simone.
—Ah —digo sin la menor sorpresa.
—Y un día tratamos de ahuyentarlos con humo. Encendimos un fuego, aunque sabíamos que estaban ahí, porque esperábamos que el humo los hiciera salir disparados hacia arriba y que no volvieran nunca más. En cambio, se incendiaron y cayeron estrellándose en la sala, todos chamuscados y en llamas, corriendo desesperados por aquí,
hasta que murieron. —Simone sorbió un poco de vino—. Las historias de amor son así —añadió—. Todas son así.”

(Lorrie Moore, “Danza en Estados Unidos”, de su volumen de relatos Pájaros de América.)

Una literatura que no diga, sino muestre. Los gestos fútiles. Objetos que nos reclaman. La precisión es subversiva. Subtexto. Y la realidad, una falacia de nuestra contemporaneidad. Una literatura expositiva, nunca juzgadora. Que sobrestime al lector. Y la realidad es una taimada farfullera. Sin concesiones hacia nada ni nadie. Muckrakers de la condición humana. Una literatura que no pretenda respuestas, solo preguntas. Técnicamente técnica. Y la realidad es otro jodido perro del infierno.

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